24 de enero de 2011

en esencia


Escribir en la memoria

para que la tinta se disuelva en el atardecer definitivo


escribir como escribe la noche

suavemente sus renglones de negrura


dedicar la eternidad del crepúsculo

a cuestionar lo que siempre se tuvo por cierto,

lo que se dio por sentado

hasta que no queden luces con las que construir

una sola mirada


Escribir porque la noche llega

o se marcha,

porque el amor llega o se marcha,

porque el silencio sigue habitado

por esa voz cercana

y has de saber, dice,

que ante ti se extiende el alimento

si prestas tus oídos al hambre


Escribir en el agua y en la luz

para que no quede ruina ni rastro,

escribir en las entrañas mismas de la desaparición

como el aire a ráfagas fugaces

compone sus estrofas


Escribir y olvidar sin motivo concreto,

por el puro deleite del olvido


escribir y olvidar y ser consecuente

al menos una de tantas veces

en que el pensamiento no cabe en las palabras


escribir y olvidar, pues ningún tiempo existe

y nada debe ser dicho;

para que el alma disipe sus jirones

de ansia condensada


Escribir sin constancia de lo escrito

y que la palabra sea un puro haz de energía

a la deriva, sin pasado y sin sombra


devolverla al torrente de la nada

como se devuelve al río el pez que se ha pescado


Escribir porque se está, porque se ve,

porque se siente,

porque no hay significado

y es el mismo pájaro efímero el que canta

en los trigales y el que calla

en el silencio rutinario de la jaula

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