1 de noviembre de 2010

Allí te detuviste, asomado al abismo
como se asoma la flor al alféizar,
traspasado de viento,
refugiado en el viento,
sin nadie más que pudiera mirar
por tus ojos, que pudiera
tomarte de la mano,
y sentiste el pulso efímero
de la alegría, un pálpito
que agitó tu sangre
hasta hacerla rebosar íntimamente,
y dejaste por un instante
de ofrecer resistencia, dejaste
de lado, un instante, las preguntas
para atrapar ese hilo
e insertarlo en tus tejidos
como se inserta el rumor
del viento en el silencio,
esparciendo al aire
tu nombre y tu ceniza,
creciendo como la onda
que en la inmensidad del vacío
a la vez ensancha y se diluye.

No hay comentarios: