29 de noviembre de 2010

Tras sucesivos análisis he acabado por creer en mi continuidad y he llegado a la conclusión de que debo de estar ahí, es decir, aquí; de que al fin y al cabo existe ese hilo entretejido a los tiempos, enredado de los pies a la cabeza -siendo cabeza y pies sorprendentemente los mismos o quizá no-, y he decidido seguirle la pista a esa sombra con prudencia para comprobar si se cumplen otras reglas, si es posible -o lo será un día- ponerle nombre al conjunto; por ahora lo llamaré Ello, o, por acortar un poco, simplemente Yo.

25 de noviembre de 2010

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Todo esto es una broma
si te paras a pensarlo seriamente.

17 de noviembre de 2010

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Cuando comprendí quién era yo,
ya era otro. Desde entonces
intentamos convivir, pero lo cierto es
que nos culpamos mutuamente.
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1 de noviembre de 2010

Allí te detuviste, asomado al abismo
como se asoma la flor al alféizar,
traspasado de viento,
refugiado en el viento,
sin nadie más que pudiera mirar
por tus ojos, que pudiera
tomarte de la mano,
y sentiste el pulso efímero
de la alegría, un pálpito
que agitó tu sangre
hasta hacerla rebosar íntimamente,
y dejaste por un instante
de ofrecer resistencia, dejaste
de lado, un instante, las preguntas
para atrapar ese hilo
e insertarlo en tus tejidos
como se inserta el rumor
del viento en el silencio,
esparciendo al aire
tu nombre y tu ceniza,
creciendo como la onda
que en la inmensidad del vacío
a la vez ensancha y se diluye.